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Alexander van der Burgh

Biografía

Vida temprana

Alexander fue abandonado en una calle de Nueva York cuando solo tenía unas cuantas horas de vida. Suponen que fue su madre y después de eso estuvo en un orfanato.

A los catorce años se enteraó de que era adoptado.

BIOS (proyecto)

Durante la estancia de Alexander en un laboratorio del Ejército, Johan Brinkerhoff hijo fue a buscarlo con una autorización del Departamento de Defensa para reclutarlo. Lo llevó a sus oficinas y le ofreció formar parte de un proyecto secreto que cambiaría la historia de la humanidad: BIOS. BIOS buscaba nada más ni nada menos que la cura para el cáncer.

La propuesta afectó a Alexander de manera personal, ya que su padre adoptivo había muerto de esa enfermedad y de alguna forma quería resarcir a este hombre y a su madre por haber sido tan desconsiderado con ellos durante su adolescencia.

La propuesta de Brinkerhoff le interesó enseguida, en especial cuando este le confesó a Alexander el motivo para ampliar los recursos del laboratorio en la búsqueda de la cura para esa enfermedad: Johan Brinkerhoff padre también la estaba padeciendo. Alexander se sintió identificado con el hijo, supuso que adoraba a su padre como él al suyo, y quería que, a diferencia de él, tuviera tiempo para demostrárselo.

Preguntó cuales serían las bases de la investigación y Brinkerhoff habló sobre la clonación humana, lo cual era éticamente imposible, por lo que preguntó cuales serían los alcances de la clonación y este le aseguró que entraría en los límites de la ética médica y que tan solo experimentarían con células madre, embriones. La parte de los embriones no le gustó a Alexander, pero entendió que tendría que relegar parte de sus creencias personales si deseaba conseguir un objetivo mayor, y aceptó. Aceptó enceguecido por la necesidad de terminar con la culpa, sin darse cuenta de que solo conseguiría empeorarla.

De pronto se encontraba en una presentación frente a decenas de empleados de la compañía, escuchando un discurso en el que Brinkerhoff definía a Robert y Alexander como dos de los mejores científicos del mundo. Lo primero que pensó al ver a Robert y a Johan juntos fue que se parecían. Robert siempre quiso trascender por hacer algo grandioso. Venía de trabajar en métodos de fertilización asistida y carecía de escrúpulos, en el primer día de trabajó una docena de embriones sin ningún remordimiento.

Eso le llevó a cuestionarse si la decisión de entrar en el proyecto habría sido acertada, se preguntó si su padre estaría orgulloso al verle descartar vidas como si fueran basura. Alexander estaba acostumbrado a proteger, a trabajar para prevenir ataques con armas biológicas, y deseaba hallar la cura para el cáncer: quería salvar personas, no matarlas. Alexander se lo dijo a Robert cuando notó que seguía trabajando de la misma manera y este le contestó que a esos conjuntos de células les faltaba mucho para convertirse en humanos y que si no le gustaba el trabajo, tenía que renunciar.

Empezó a dudar de por qué Brinkerhoff lo había reclutado, si ese proyecto nada tenía que ver con lo que Alexander hacía en el Ejército, y pensó en irse. Se sentaron otra vez en la mesa de negociaciones y Brinkerhoff se ocupó de hacerle entender a Alexander que una vez había decidido entrar en BIOS, no tenía modo de salir.

Alexander ingenuamente se involucró sin saber bien de qué se trataba todo y qué exigirían de el, y también sin preguntarse por qué lo querían allí. En aquella reunión Brinkerhoff le dio esa respuesta: el nivel intelectual de Alexander era superior al de cualquier otro científico que había entrevistado.